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domingo, 29 de mayo de 2016

Una comida que vale un Perú

Una comida que vale un Perú

Ángel Ruocco
Por Ángel Ruocco    Uruguay - Mayo 24, 2016

Una desgustación en Montevideo fue el puntapié para recordar Perú y su maravillosa gastronomía


Hace algo menos de medio siglo quedé sorprendido y fascinado por la comida peruana, que en ese entonces no tenía la fama ni por asomo la merecida difusión mediática actual. Recién hace una veintena de años los críticos gastronómicos europeos comenzaron a elogiar la calidad fabulosa de una cocina que combina técnicas ancestrales y productos provenientes de antiguas culturas locales prehispánicas, tendencias modernas y aportes de países de todos los continentes.
Hacía tiempo que no tenía el placer de saborear algunos de las muchas y muy apreciadas exquisiteces de la cocina peruana, pero la oportunidad de reencontrarme con ellas me la dio una reciente invitación del Gerente General del Hotel Hilton Garden Inn, AgustínMaddocks, y del Dr. Pedro Larrosa para participar en una avantpremiere del Festival Gastronómico Peruano efectuado en el Restaurante Sudestada de ese hotel, bajo la dirección del chef ejecutivo del Hilton Lima, Aldo Vargas Morquencho.
Pudimos degustar allí platos peruanos clásicos como el Picante de mariscos con Tacu-tacu de pallares, Lomo Saltado en sus propios jugos al wok, Causa limeña con relleno de pollo y cangrejo, Ceviche clásico con corvina marinada con leche de tigre, para los cuales el chef peruano utilizó con maestría ingredientes locales en sustitución de los originales, que aquí son difíciles de encontrar o absolutamente inhallables.
Las tradicionales papas a la huancaína<br>
Las tradicionales papas a la huancaína
Durante la degustación fueron esclarecedoras las explicaciones del propio chef y también las del embajador del Perú, Augusto ArzubiagaScheuch, un gran conocedor de la notable cocina de su país, en una conversación amenísima sobre la gastronomía, en la que también participaron el gerente Maddocks, un argentino al que le gusta cocinar y que aprecia las diferencias del asado uruguayo con el de su país, y el colega Jaime Clara, al que el tema tampoco le es ajeno.
Quedó en evidencia en esa interesante charla que el actual auge de la comida peruana no es fruto de la casualidad o una invención del marketing.

Fusión de sabores y orígenes

Sucede que a la cocina autóctona peruana, de milenaria tradición, se sumó primero la que trajeron a América los españoles (a su vez producto de una pródiga fusión en la que el aporte árabe fue fundamental) y se agregaron después los sabores aportados por los esclavos africanos, los inmigrantes chinos (sobre todo cantoneses), los italianos y los japoneses. El resultado de esta fantástica y auténtica fusión es impresionante.
Como corresponsal de una agencia de noticias llegué en 1972 –primera de una serie de estadías y visitas- a la que entonces llamaban "Lima la horrible", aunque en realidad era y es una ciudad fascinante y capital de un país no menos atractivo tanto para los amantes del buen comer como para los interesados en la historia, la antropología y la arqueología de nuestro continente.
Confieso que en esa mi primera aproximación al Perú lo que más me interesaba era su apasionante pasado. Había leído sobre culturas como la Chavín de Huantar que hace 3.300 años logró un gran desarrollo agrícola, la Moche en el norte del Perú (donde se encontró la tumba del llamado Señor de Sipán, dignatario mochica, con un hermosísimo ajuar funerario en oro, plata y cobre) y las de Paracas y Nazca surgidas en el sur peruano hace unos 2.500 años y luego, entre otras, la de Tiahuanaco, en la vecindad del lago Titicaca, y la Chimú en el norte hasta llegar, ya más cerca en el tiempo, al fabuloso imperio de los incas.
Lima, una ciudad fascinante
Lima, una ciudad fascinante
Los logros de estas culturas en materia de productos textiles (sobre todo en Paracas), de cerámicas, de metalurgia y en edificios de piedra y adobe fueron maravillosos. Pero otro tanto lo fueron los éxitos de los antiguos peruanos en la domesticación de plantas (además de la de animales como los camélidos americanos) que luego, llevadas a Europa por los españoles, terminaron por modificar radicalmente la alimentación mundial
En los Andes peruanos y alrededores los campesinos, ayudados por una serie de microclimas y una asombrosa biodiversidad, domesticaron hace miles de años, en algunos casos simultáneamente con sus iguales mexicanos y centroamericanos, las andinísimas papas (hay más de 2.000 variedades), los camotes (uno de cuyos tipos alguien poco informado bautizó aquí como "boniatos zanahoria"), el maíz, los ajíes, los tomates, los zapallos, los porotos, la quinua (que ahora se puso de moda en estos pagos), la mandioca y muchos otros productos alimenticios que desde el siglo XV enriquecen la dieta humana.
Nombres como los de Machu Picchu, la maravillosa ciudad inca Patrimonio de la Humanidad, de Nasca y sus intrigantes líneas con enormes figuras de animales, de Paracas y sus increíbles telas que resisten a los siglos y de Cusco, "el ombligo del mundo" para los incas, son ya de por sí un llamador para ir al Perú. Y si a ello le agregamos la posibilidad de disfrutar de muchos de los casi 500 platos típicos nacionales (además de una infinidad de sopas y guisos en cada región y más de dos centenares de postres diferentes, así como de una riquísima y estimulante bebida espirituosa, el pisco), sin olvidarnos de la chicha, gustosa y suavemente alcohólica, hecha con maíz fermentado, se hace poco menos que ineludible una visita a ese multifacético país.
Machu Pichu<br>
Machu Piccho

Capital gastronómica de América

Actualmente Lima es considerada con justicia como la capital gastronómica de América y la cocina peruana como una de las mejores del mundo.
A mi criterio la cocina del Perú está en el podio junto a las de Italia y China y sin nada que envidiarle a las de España, Francia y México.
Así como Perú es varios países en uno, también la cocina peruana es varias cocinas en una. Hay una cocina de la costa, con excelentes pescados y mariscos de un mar ubérrimo; una de la sierra con multitud de variedades de papas, otros tubérculos como el olluco y muchas variedades de granos y vegetales; una de la selva amazónica con productos muy particulares y frutas exóticas y una chino-peruana (llamada chifa) que reúne lo mejor de las tradiciones cantonesa y criolla. Además, existen numerosos locales de comida italiana o italo-peruana de alta factura. En los últimos tiempos, por si fuera poco, está la cocina nikkei (peruano-japonesa)... Todas ellas de una calidad notable.
Si se quiere empezar un bien planificado recorrido gastronómico limeño, lo mejor es ir al Cordano, un viejo bar-restorán al costado del Palacio de Gobierno. Un buen Pisco sour (el pisco peruano, hermano de lagrappa italiana, de la grapa uruguaya y del orujo gallego, es de primera) o una algarrobina, dos cócteles tradicionales para entrar en calor, y luego alguno de los platos más típicos de la cocina de la capital del Perú.
Por ejemplo, una Causa a la limeña (en una de sus variantes es un rico puré de papas amarillas que envuelve un relleno de atún o de pollo y se acompaña con ají verde y choclo, a veces con camote, con limón peruano -en realidad lima- y mayonesa) o un clásico e ineludible Cebiche (o ceviche, elija Ud. la grafía) de pescado crudo, en general corvina del Pacífico (a veces enriquecido con el agregado de langostinos), marinado en limón y acompañado de cebolla colorada, sal y ají picantito y cuyo jugo blanquecino, al que se denomina leche de tigre, tiene fama de afrodisíaco.
.Y de postre una Mazamorra morada, hecha de maíz morado (típicamente peruano) y espolvoreada con canela. O un muy dulce Suspiro de limeña.
Por la calle, si uno se anima, hay que probar en un puesto callejero, o de lo contrario en un restorán típico, unos anticuchos (herencia culinaria de los esclavos africanos llevados por los españoles en la época colonial, a veces tras un largo viaje vía el puerto negrero que era entonces Montevideo), trozos de corazón de vacuno previamente marinados atravesados por un pincho y cocinados a las brasas. Se acompaña con papas, ajíes, choclos y una bebida refrescante tradicional, la chicha morada, preparada fundamentalmente con maíz morado hervido, hielo, azúcar y limón.
En alguno de los muchos y buenos restoranes criollos es necesario entrarle a un plato serrano, el Olluquito con charqui, con ollucos (pequeños tubérculos de sabor muy particular) y carne seca de llama, o unas Papas a la huancaína, con papas amarillas, ají, leche y pan.
Vale la pena también atrevérsele a un picantito Ají de gallina, a unRocoto relleno, típico de Arequipa, con un tipo de ají, precisamente elrocoto, relleno con carne picada, cebolla y otros ingredientes, a un pollo (previamente macerado) a la brasa o hasta a platos con carne de cuy (cuis, roedor doméstico de la familia del silvestre apereá), proteína animal que se consume en Perú desde hace milenios y que no obstante las prevenciones que puede tener un uruguayo es sabrosa. La probé, guisada y a las brasas, en la casa de un colega peruano y no me pareció nada mal.
Y ahora, me dicen, está la cocina novoandina, que moderniza y sublima (por si hiciera falta) los platos de la sierra.
Hace años comí platos de la exótica cocina de la selva, incluyendo carne de tortuga, extrañamente un guiso de porotos negros al estilo brasilero y de nuestra frontera, y ricas frutas tropicales, en un restoránllamado Maquisapa. Pero, en el caso de que haya cerrado, supongo que habrá otros similares.
Lo que no se puede perder es la cocina de los restoranes chifa, donde se unen las sabidurías culinarias chino-cantonesas y peruanas tradicionales. Algunos son de calidad excepcional, Un Arroz chaufa(arroz de grano largo, a menudo importado de Uruguay, verduras, pequeños trozos de carne y tortilla de huevo) un Lomo saltado, que se nacionalizó peruano, o un Chancho agridulce con piña, entre una legión de platos exquisitos, se pueden gustar en esas casas de comida, varias de ellas de altísimo nivel.
Lástima que en Montevideo, salvo quizás un local en la Ciudad Vieja frecuentado por los peruanos que trabajan en los barcos pesqueros con base en el puerto montevideano y un pequeño restorán que está (¿o estaba?) en Libertad casi Bulevar España, no abundan como debieran los locales de comida auténticamente peruana. Porque es imprescindible conocer y gustar la cocina (las cocinas) del Perú para quien se precie de saber comer.
Fuente: El Observador

domingo, 11 de octubre de 2015

El amor empieza por el estómago, incluso en las reuniones del FMI

Perú, con tres locales entre los 50 mejores del mundo, demuestra la fuerza de su gastronomía en la reunión anual del Fondo a la que acuden mandatarios y economistas


El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim (en el centro), y el chef peruano Gastón Acurio (a la izquierda) comen "picarones", un postre típico peruan en el restaurante "Astrid y Gastón", en el distrito de San Isidro, en Lima (Perú) / EDUARDO CAVERO (EFE)
Las cumbres de los organismos internacionales no se caracterizan, precisamente, por la exquisitez de los menús, ni por la variedad de sabores ni por la sofisticación de los platos. La oferta culinaria en estas reuniones suele ser bastante estandarizada y llena de productos empaquetados para un consumo rápido entre reunión y reunión. Ha sido ahí donde Perú ha hecho valer sus galones, empeñado en exhibir un poderío gastronómico y alimentario que ya se ha convertido en objetivo nacional. Los miles de participantes en la asamblea anual que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han celebrado esta semana en Lima han agradecido el cambio. Y ya se sabe que el amor empieza por el estómago.
“Es una gran diferencia, la comida es sabrosa, variada y el café es realmente bueno”, admitía un banquero central europeo, muy curtido en estas reuniones, mientras esperaba su expreso recién molido. Cuando las luces del centro de convenciones se apagaban, los restaurantes de la ciudad se llenaban de participantes de la asamblea, duplicando y hasta triplicando turnos. Ceviche, ají de gallina, causa limeña, lomo saltado, papas a la huancaína, unos piscos…. Los platos tradicionales eran las estrellas de las comandas. El propio presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, bromeaba con dos famosos cocineros locales sobre la dificultad de conseguir mesa en sus restaurantes en estos días.
En Perú, la gastronomía es una cuestión de orgullo nacional. De hecho, una reciente encuesta en la prensa local aseguraba que la comida es el segundo motivo de orgullo para sus ciudadanos, sólo por detrás del Machu Picchu. El vínculo de los limeños con la comida es aún mayor. La ciudad vive de espaldas al mar, no cuenta con grandes monumentos que sirvan de reclamo al viajero y ha hecho de la restauración su gran atractivo turístico. Tener tres locales entre los 50 mejores del mundo, según la revista Restaurant, ayuda.
La pasión por la comida trasciende los límites de la capital. El país quiere convertir al sector en uno de los motores de crecimiento de su economía. “La comida es lo que nos une, lo que integra el país y uno de los motores de inclusión de Perú”, sostenía la periodista Josefina Townsned al introducir un debate sobre alimentación, nutrición y cambio climático organizado por el Banco Mundial. Esa ha sido una de las sesiones que más interés (y aplausos) ha suscitado, gracias a la participación estrella de Gastón Acurio, el famoso chef peruano que ha llevado la gastronomía del país por todo el mundo. Acurio cuenta con casi 40 restaurantes en una docena de países y cuya facturación ronda los 100 millones de dólares. “La cocina moviliza muchos sectores, mueve el turismo, el sector agroalimentario, los mercados…. Somos uno de los países con mayor diversidad y para el futuro tenemos que sacar ventaja de esa inmensa red de pequeños productores que marcan la diferencia”.
En plena desaceleración de las economías emergentes y con las materias primas en caída libre, el ministro peruano de Producción, Piero Ghezzi, reconocía estos días la dificultad de consolidar los avances de los últimos años. Y apuntaba el camino a seguir. “Hemos demostrado que podemos buscar nuevos motores de crecimiento y eso es lo que tenemos que hacer. Hay que centrarse en la productividad más que en el valor añadido y el sector alimentario del país ofrece una riqueza que debemos explotar”.
Acurio, considerado todo un “héroe nacional”, en palabras de una emocionada Townsened, insistía esta semana en las posibilidades que la gastronomía y la alimentación ofrecen a Perú. “Cuando empecé a servir quinoa en mis restaurantes hace más de diez años muchos cocinero pensaron que era una moda horrorosa y eso hoy ha cambiado radicalmente”, confesaba Acurio. Tanto que Perú es hoy el mayor exportador de quinoa (o quinua) del mundo, por delante de Bolivia, y ha registrado un crecimiento de las ventas en los últimos 5 años del 96%. “Eso demuestra que los chefs podemos cambiar los hábitos de consumo e influir directamente en el mercado”, remataba el cocinero peruano.
La Sociedad Peruana de Gastronomía (Apega) calcula que en 2012 la gastronomía, entendida en sentido amplio, suponía el 9,5% del PIB de Perú “y ahora debe rondar el 10%”, según Bernardo Roca Rey, presidente de la asociación. Unos cinco millones de peruanos se benefician, de una u otra forma, de la cadena gastronómica. Perú cuenta con unos 47.000 restaurantes y es uno de los sectores más dinámicos en la creación de empleo en el país, que cuenta ya con más de 50 escuelas de cocina y en el que las universidades han empezado a ofrecer formación para mejorar la gestión de los restaurantes.
Los directivos de Apega se han marcado la meta de 2021, cuando el país celebrará el bicentenario de la independencia de España, como la fecha para lograr “una segunda independencia” y situar al país como el principal destino gastronómico mundial. No es tarea sencilla pero, para empezar, Perú acogerá el II Foro Mundial de Turismo Gastronómico que se celebrará en Lima en abril próximo.
Fuente: Perú 21