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domingo, 29 de mayo de 2016

Una comida que vale un Perú

Una comida que vale un Perú

Ángel Ruocco
Por Ángel Ruocco    Uruguay - Mayo 24, 2016

Una desgustación en Montevideo fue el puntapié para recordar Perú y su maravillosa gastronomía


Hace algo menos de medio siglo quedé sorprendido y fascinado por la comida peruana, que en ese entonces no tenía la fama ni por asomo la merecida difusión mediática actual. Recién hace una veintena de años los críticos gastronómicos europeos comenzaron a elogiar la calidad fabulosa de una cocina que combina técnicas ancestrales y productos provenientes de antiguas culturas locales prehispánicas, tendencias modernas y aportes de países de todos los continentes.
Hacía tiempo que no tenía el placer de saborear algunos de las muchas y muy apreciadas exquisiteces de la cocina peruana, pero la oportunidad de reencontrarme con ellas me la dio una reciente invitación del Gerente General del Hotel Hilton Garden Inn, AgustínMaddocks, y del Dr. Pedro Larrosa para participar en una avantpremiere del Festival Gastronómico Peruano efectuado en el Restaurante Sudestada de ese hotel, bajo la dirección del chef ejecutivo del Hilton Lima, Aldo Vargas Morquencho.
Pudimos degustar allí platos peruanos clásicos como el Picante de mariscos con Tacu-tacu de pallares, Lomo Saltado en sus propios jugos al wok, Causa limeña con relleno de pollo y cangrejo, Ceviche clásico con corvina marinada con leche de tigre, para los cuales el chef peruano utilizó con maestría ingredientes locales en sustitución de los originales, que aquí son difíciles de encontrar o absolutamente inhallables.
Las tradicionales papas a la huancaína<br>
Las tradicionales papas a la huancaína
Durante la degustación fueron esclarecedoras las explicaciones del propio chef y también las del embajador del Perú, Augusto ArzubiagaScheuch, un gran conocedor de la notable cocina de su país, en una conversación amenísima sobre la gastronomía, en la que también participaron el gerente Maddocks, un argentino al que le gusta cocinar y que aprecia las diferencias del asado uruguayo con el de su país, y el colega Jaime Clara, al que el tema tampoco le es ajeno.
Quedó en evidencia en esa interesante charla que el actual auge de la comida peruana no es fruto de la casualidad o una invención del marketing.

Fusión de sabores y orígenes

Sucede que a la cocina autóctona peruana, de milenaria tradición, se sumó primero la que trajeron a América los españoles (a su vez producto de una pródiga fusión en la que el aporte árabe fue fundamental) y se agregaron después los sabores aportados por los esclavos africanos, los inmigrantes chinos (sobre todo cantoneses), los italianos y los japoneses. El resultado de esta fantástica y auténtica fusión es impresionante.
Como corresponsal de una agencia de noticias llegué en 1972 –primera de una serie de estadías y visitas- a la que entonces llamaban "Lima la horrible", aunque en realidad era y es una ciudad fascinante y capital de un país no menos atractivo tanto para los amantes del buen comer como para los interesados en la historia, la antropología y la arqueología de nuestro continente.
Confieso que en esa mi primera aproximación al Perú lo que más me interesaba era su apasionante pasado. Había leído sobre culturas como la Chavín de Huantar que hace 3.300 años logró un gran desarrollo agrícola, la Moche en el norte del Perú (donde se encontró la tumba del llamado Señor de Sipán, dignatario mochica, con un hermosísimo ajuar funerario en oro, plata y cobre) y las de Paracas y Nazca surgidas en el sur peruano hace unos 2.500 años y luego, entre otras, la de Tiahuanaco, en la vecindad del lago Titicaca, y la Chimú en el norte hasta llegar, ya más cerca en el tiempo, al fabuloso imperio de los incas.
Lima, una ciudad fascinante
Lima, una ciudad fascinante
Los logros de estas culturas en materia de productos textiles (sobre todo en Paracas), de cerámicas, de metalurgia y en edificios de piedra y adobe fueron maravillosos. Pero otro tanto lo fueron los éxitos de los antiguos peruanos en la domesticación de plantas (además de la de animales como los camélidos americanos) que luego, llevadas a Europa por los españoles, terminaron por modificar radicalmente la alimentación mundial
En los Andes peruanos y alrededores los campesinos, ayudados por una serie de microclimas y una asombrosa biodiversidad, domesticaron hace miles de años, en algunos casos simultáneamente con sus iguales mexicanos y centroamericanos, las andinísimas papas (hay más de 2.000 variedades), los camotes (uno de cuyos tipos alguien poco informado bautizó aquí como "boniatos zanahoria"), el maíz, los ajíes, los tomates, los zapallos, los porotos, la quinua (que ahora se puso de moda en estos pagos), la mandioca y muchos otros productos alimenticios que desde el siglo XV enriquecen la dieta humana.
Nombres como los de Machu Picchu, la maravillosa ciudad inca Patrimonio de la Humanidad, de Nasca y sus intrigantes líneas con enormes figuras de animales, de Paracas y sus increíbles telas que resisten a los siglos y de Cusco, "el ombligo del mundo" para los incas, son ya de por sí un llamador para ir al Perú. Y si a ello le agregamos la posibilidad de disfrutar de muchos de los casi 500 platos típicos nacionales (además de una infinidad de sopas y guisos en cada región y más de dos centenares de postres diferentes, así como de una riquísima y estimulante bebida espirituosa, el pisco), sin olvidarnos de la chicha, gustosa y suavemente alcohólica, hecha con maíz fermentado, se hace poco menos que ineludible una visita a ese multifacético país.
Machu Pichu<br>
Machu Piccho

Capital gastronómica de América

Actualmente Lima es considerada con justicia como la capital gastronómica de América y la cocina peruana como una de las mejores del mundo.
A mi criterio la cocina del Perú está en el podio junto a las de Italia y China y sin nada que envidiarle a las de España, Francia y México.
Así como Perú es varios países en uno, también la cocina peruana es varias cocinas en una. Hay una cocina de la costa, con excelentes pescados y mariscos de un mar ubérrimo; una de la sierra con multitud de variedades de papas, otros tubérculos como el olluco y muchas variedades de granos y vegetales; una de la selva amazónica con productos muy particulares y frutas exóticas y una chino-peruana (llamada chifa) que reúne lo mejor de las tradiciones cantonesa y criolla. Además, existen numerosos locales de comida italiana o italo-peruana de alta factura. En los últimos tiempos, por si fuera poco, está la cocina nikkei (peruano-japonesa)... Todas ellas de una calidad notable.
Si se quiere empezar un bien planificado recorrido gastronómico limeño, lo mejor es ir al Cordano, un viejo bar-restorán al costado del Palacio de Gobierno. Un buen Pisco sour (el pisco peruano, hermano de lagrappa italiana, de la grapa uruguaya y del orujo gallego, es de primera) o una algarrobina, dos cócteles tradicionales para entrar en calor, y luego alguno de los platos más típicos de la cocina de la capital del Perú.
Por ejemplo, una Causa a la limeña (en una de sus variantes es un rico puré de papas amarillas que envuelve un relleno de atún o de pollo y se acompaña con ají verde y choclo, a veces con camote, con limón peruano -en realidad lima- y mayonesa) o un clásico e ineludible Cebiche (o ceviche, elija Ud. la grafía) de pescado crudo, en general corvina del Pacífico (a veces enriquecido con el agregado de langostinos), marinado en limón y acompañado de cebolla colorada, sal y ají picantito y cuyo jugo blanquecino, al que se denomina leche de tigre, tiene fama de afrodisíaco.
.Y de postre una Mazamorra morada, hecha de maíz morado (típicamente peruano) y espolvoreada con canela. O un muy dulce Suspiro de limeña.
Por la calle, si uno se anima, hay que probar en un puesto callejero, o de lo contrario en un restorán típico, unos anticuchos (herencia culinaria de los esclavos africanos llevados por los españoles en la época colonial, a veces tras un largo viaje vía el puerto negrero que era entonces Montevideo), trozos de corazón de vacuno previamente marinados atravesados por un pincho y cocinados a las brasas. Se acompaña con papas, ajíes, choclos y una bebida refrescante tradicional, la chicha morada, preparada fundamentalmente con maíz morado hervido, hielo, azúcar y limón.
En alguno de los muchos y buenos restoranes criollos es necesario entrarle a un plato serrano, el Olluquito con charqui, con ollucos (pequeños tubérculos de sabor muy particular) y carne seca de llama, o unas Papas a la huancaína, con papas amarillas, ají, leche y pan.
Vale la pena también atrevérsele a un picantito Ají de gallina, a unRocoto relleno, típico de Arequipa, con un tipo de ají, precisamente elrocoto, relleno con carne picada, cebolla y otros ingredientes, a un pollo (previamente macerado) a la brasa o hasta a platos con carne de cuy (cuis, roedor doméstico de la familia del silvestre apereá), proteína animal que se consume en Perú desde hace milenios y que no obstante las prevenciones que puede tener un uruguayo es sabrosa. La probé, guisada y a las brasas, en la casa de un colega peruano y no me pareció nada mal.
Y ahora, me dicen, está la cocina novoandina, que moderniza y sublima (por si hiciera falta) los platos de la sierra.
Hace años comí platos de la exótica cocina de la selva, incluyendo carne de tortuga, extrañamente un guiso de porotos negros al estilo brasilero y de nuestra frontera, y ricas frutas tropicales, en un restoránllamado Maquisapa. Pero, en el caso de que haya cerrado, supongo que habrá otros similares.
Lo que no se puede perder es la cocina de los restoranes chifa, donde se unen las sabidurías culinarias chino-cantonesas y peruanas tradicionales. Algunos son de calidad excepcional, Un Arroz chaufa(arroz de grano largo, a menudo importado de Uruguay, verduras, pequeños trozos de carne y tortilla de huevo) un Lomo saltado, que se nacionalizó peruano, o un Chancho agridulce con piña, entre una legión de platos exquisitos, se pueden gustar en esas casas de comida, varias de ellas de altísimo nivel.
Lástima que en Montevideo, salvo quizás un local en la Ciudad Vieja frecuentado por los peruanos que trabajan en los barcos pesqueros con base en el puerto montevideano y un pequeño restorán que está (¿o estaba?) en Libertad casi Bulevar España, no abundan como debieran los locales de comida auténticamente peruana. Porque es imprescindible conocer y gustar la cocina (las cocinas) del Perú para quien se precie de saber comer.
Fuente: El Observador

lunes, 28 de diciembre de 2015

9 restaurantes a los que entrar es prácticamente imposible

Comida cuya fama trasciende fronteras es lo que promueven estos establecimientos; sin embargo, en algunos obtener un lugar puede tomarte hasta un año de espera.

Por: Daisy Carrington | 
Lunes, 28 de diciembre de 2015


(CNN) — Es mejor que tu restaurante favorito nunca llegue a ser loado como uno de "los mejores del mundo". En el segundo en que eso suceda, lo más probable es que nunca más logres encontrar una mesa.
De hecho entrar a algunos restaurantes es más difícil que a una de las universidades de más prestigio. Aquí te presentamos algunas de las mesas más difíciles de conseguir y el secreto para lograr un asiento.
Franklin Barbecue
Desde que la revista Bon Appetit apodó a este lugar altamente frecuentado de Austin, Texas, como el mejor lugar de parrilladas del país, las filas se han extendido más allá de la puerta.
Aunque el sitio que solo ofrece almuerzos abre a las 11:00 horas, la copropietaria Stacy Franklin admite que los fines de semana, los clientes llegan incluso a las 6:00 horas, sin embargo, no importa a qué hora llegues es probable que tengas que esperar al menos cuatro horas.
"La gente lleva sillas y hieleras, lanzan balones de fútbol en el estacionamiento. Incluso hemos visto que la gente lleva mesas de juego para mantenerse ocupados", dice.
Si no quieres hacer fila de madrugada para almorzar, Franklin recomienda ir durante sus días más "tranquilos": martes, miércoles y jueves. Incluso entonces, dice, es mejor estar preparado.
"Yo sugeriría pasar por el lugar un día a las 9:00 horas solo para ver qué esperar. A la mayoría de las personas no les importa, siempre y cuando sepan qué esperar".
Franklin Barbecue, 900 E. 11, Austin, TX 78702
Sushi Dai
Casi todas las guías turísticas sobre Tokio han ensalzado el desayuno de sushi de las 5:00 horas en este restaurante. 
Sushi Dai, ubicado dentro del mercado de pescado Tsukiji, el minúsculo restaurante con capacidad para 12 personas ofrece algunos platillos que sin duda son frescos, lo cual es parte de su increíble y enorme atractivo.
Una pequeña advertencia a los clientes que llegan a las 5:00 horas: prepárense para esperar por lo menos cuatro horas para conseguir una mesa.
¿Quieres reducir un par de horas del tiempo de espera? Llega a las 3:00 horas y lleva un libro o un teléfono con carga completa.
Sushidai, 5-2-1 Tsukiji, mercado de pescado Tsukiji, 6th. Bldg., Chuo 104-0045, prefectura de Tokio.
Rose's Luxury
Incluso antes de que la revista Bon Appetit nombrara a Rose's Luxury como el mejor restaurante en Estados Unidos, las filas se formaban a lo largo de la cuadra para lograr la oportunidad de comer en este sitio que no hace reservaciones.
El punto de atracción de Washington, D.C. atrae a los clientes con su estelar menú granjero y su servicio (y los regalos son parte del modelo de negocio).
El lugar abre a las 17:00 horas pero no es inusual que los clientes comiencen a hacer fila a las 15:00 horas.
"En nuestros sábados más ocupados, a veces ofrecemos un horario estimado para entrar de entre las 21:00 o 22:00 horas para quienes llegan desde las 17:30 horas.", señala la subgerente general, Kristen Carson.
Para los clientes que desean comer en el bar, el movimiento podría ser un poco más rápido. Para quienes no están dispuestos a esperar en la fila cuatro horas, tal vez les vaya un poco mejor si llegan a la mitad de la semana, sobre todo de martes a jueves.
"A menudo tenemos mesas disponibles en el transcurso de la tarde para los clientes de último momento y por lo general podemos acomodar a los clientes que llegan a las 20:30 horas", dice.
Rose's Luxury, 717 8th St SE, Washington D.C., DC 20003
cnnexpansion
Damon Baehrel
El cocinero autodidacta, Damon Baehrel, dirige su restaurante epónimo en el sótano de su casa, donde él considera a sus comensales como invitados en lugar de clientes.
Él es la definición pura de una empresa dirigida por una sola persona.
"Él no solo es el chef nominado al premio James Beard, sino también la persona que sirve, el productor, el experto en plantas nativas, el recolector, el quesero, el fabricante de carne curada con agujas de pino, el especialista en vinos, el carpintero... etcétera, etcétera", señala el representante de reservaciones de Baehrel.
Las comidas de Baehrel incluyen 15 platillos y podría requerir cinco horas de espera.
Por lo general son descritos como salidos de este mundo.
¡Ah!, si quieres una reserva, no tienes mucha suerte. Baehrel dejó de aceptarlas en abril del 2014.
Incluso sin nuevas reservas, el lugar está completamente lleno hasta el 2025.
Dicho esto, la perseverancia extrema es —muy de vez en cuando— recompensada.
Los clientes más leales de la lista de espera —los que han esperado más tiempo y que llegan de forma ocasional— a veces tienen la suficiente suerte de obtener uno de los asientos únicos cuando el horario de Baehrel lo permite.
Damon Baehrel, 776 Route 45, Earlton, NY 12058
Noma
Noma, el restaurante que con frecuencia encabeza la lista de los Mejores Restaurantes del Mundo de San Pellegrino —de forma previsible— también está inundado con solicitudes de reserva.
Arve Krognes, el coordinador administrativo y de relaciones públicas de Noma, calcula que el lugar recibe miles de solicitudes de reserva cada mes.
"En un sábado normal, podríamos tener un par de miles de personas registradas en nuestra lista de espera", admite.
Existe una oportunidad muy reducida de hacer una reserva (el primer lunes de cada mes, tres meses antes de lo previsto), y las mesas para dos o cuatro personas normalmente están reservadas a las pocas horas.
"Por lo general es más fácil conseguir una reserva si se trata de un grupo de seis o más", reconoce Krognes.
En el 2016 será casi imposible hacer reservas, a menos que los clientes estén dispuestos a reservar un largo vuelo; Noma de Copenhague cerrará desde enero hasta abril del 2016, mientras que el chef René Redzepi traslada la empresa a Sydney, Australia, para ofrecer un restaurante ambulatorio de 10 semanas.
Las reservas para Noma Australia estarán disponibles a partir del 30 de octubre (aunque suponemos que las mesas se agotarán rápidamente).
Noma, Copenhague 1401 K 93 Strandgade, Copenhague DK-1401, Dinamarca
cnnexpansion
Chef's Table en Brooklyn Fare
Manhattan cuenta con un puñado de restaurantes de tres estrellas Michelin para elegir.
Brooklyn solo tiene uno, y es probable que sea el sitio de la ciudad en el que es más difícil conseguir un asiento.
Por otra parte, solo tienen 18 lugares y el menú de degustación de 15 platillos quiere decir que no hay demasiado movimiento en una determinada noche.
Las reservaciones de mesas están abiertas todos los lunes a las 10:30 a.m. con seis semanas de anticipación, y se van rápido, así que es mejor ser el primero en la línea y ser rápido para presionar el botón de remarcado en caso de que la línea esté ocupada.
Chef's Table, Brooklyn Fare, 200 Schermerhorn St., Brooklyn, NY
El Celler de Can Roca
En cuanto El Celler de Can Roca fue nombrado el restaurante número uno del mundo por San Pellegrino, las reservas se fueron por las nubes.
Desde entonces, las reservas solo se pueden hacer en línea —a la medianoche (hora de España), el primer día de cada mes— con 11 meses de anticipación.
Los lugares disponibles se agotan en pocos minutos, así que los rápidos ​​mecanógrafos con banda ancha súper rápida son recompensados.
Para aquellos que no lo conocen, el restaurante catalán es la creación de talentos culinarios, los hermanos Roca: Joan, Jordi y Josep.
Sus menús de degustación de múltiples platillos también son un evento multisensorial, con platillos que también pueden funcionar como arte moderno.
El Celler de Can Roca, C/Can Sunyer, 46, 17007, Girona España
cnnexpansion
Talula's Table
Este restaurante de Pensilvania, que ofrece comida de la granja a la mesa (un poco exagerado, dado que solo hay dos mesas y un asiento por noche) podría ser uno de los restaurantes más exclusivos de Estados Unidos.
No solo se trata de un vigorizante menú que siempre cambia (diseñado para ofrecer los mejores productos locales de la temporada) sino también del tamaño del lugar.
Talula's Table es, de hecho, un mercado de comida gourmet que sirve un menú de cena de ocho platillos, ofreciendo los mejores productos locales de temporada.
La mesa del chef tiene capacidad para ocho, y solo es por invitación, lo que significa que los clientes solo pueden reservar a través de la mesa de la granja, con capacidad para 10 a 12.
Para reservar, tienes que apartar toda la mesa con exactamente un año de anticipación. Por lo general es para las 07:00 horas cuando abre el restaurante.
El sitio dice que los martes, miércoles y jueves son menos competitivos, por lo que aquellos que estén dispuestos a comer durante un día laboral tendrán mejor suerte.
Las cancelaciones también se publican en el sitio web y la página de Facebook, por lo que vale la pena estar pendiente para una reserva de último momento.
Talula's Table, 102 West State Street, Kennett Square, PA 19348
Tickets
No debería ser ninguna sorpresa que conseguir una mesa en Tickets —el restaurante aliado de Ferran Adria al altamente agasajado El Bulli, el cual dirige con su hermano, Albert— es esencialmente una misión imposible.
Las reservas en línea están disponibles a la medianoche (hora española) para apartar lugar con dos meses de anticipación.
Muy de vez en cuando hay cancelaciones y nunca está de más llamar al restaurante durante el día.
Los que no tienen la suficiente suerte para conseguir una mesa (y eso es casi todo el mundo) todavía pueden degustar un poco de magia Ferrer en una de sus otras cuatro sedes de Barcelona: Bodega 1900, Pakta, Hoja Santa y Nino Viejo.
Tickets, Avinguda Parallel 164, 08015, Barcelona España
Fuente: CNN Expansión

viernes, 12 de junio de 2015

Insectos, ¿la comida del futuro?

La cuarta parte de la población mundial, muchos en Latinoamérica, ya consume insectos como parte de su dieta típica

Una vendedora de "chapulines" en el mercado de Oaxaca, México. / I.S.
Se trate de hormigas, saltamontes (chapulines) o escarabajos, lo cierto es que los insectos están presentes en la mesa latinoamericana desde tiempos ancestrales, tanto por costumbre, sazón o por su alto contenido nutricional.
Esta última característica, en particular, ha hecho que estos minúsculos habitantes del reino animal estén siendo considerados por los expertos como una alternativa nutricional importante para garantizar la alimentación del mundo.
De hecho, la cría de insectos con propósitos alimentarios puede llegar a ser incluso necesaria, a la luz del crecimiento de la población mundial. “Con mil millones de personas que padecen de hambre crónica, y con la población mundial que, según cálculos, llegará a los 9 mil millones de personas hacia el 2050, se estima que la producción de alimentos deberá duplicarse”, dice Andrea Spray, experta en nutrición del Banco Mundial.
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Y esta producción deberá venir de algún lugar. “Ya el suelo se hace escaso, los océanos sufren de la sobrepesca y el cambio climático pone estrés adicional sobre el sistema alimentario global. Criar insectos para consumo humano o animal es una posible alternativa para satisfacer la demanda global que está virtualmente inexplorada”, agrega la especialista.

Un manjar en México

Cuando tiene invitados en su casa de la Ciudad de México, Diana Jimenez prepara botanitas (pequeños entremeses) para compartir. Pero entre los cacahuetes y las papas, pone un “platito” con chapulines fritos, una especie de grillos o saltamontes muy populares en México y algunos países de Centroamérica.
“Yo como chapulines como si fueran palomitas”, explica Diana sonriendo. Empezó a comer estos insectos de sabor similar a los camarones secos cuando conoció a su esposo, originario del estado de Oaxaca en el sur de México, donde comer chapulines es una tradición.
Los come así “natural”, o bien en quesadillas (tortillas de maíz rellenas de queso fundido). “Cuando se va derritiendo el queso, pones 5 ó 6 chapulines”, explica. También se pueden comprar en ajo o fritos en chile piquín. Ella los compra en un puesto callejero cerca de su casa.
Pero los chapulines no son los únicos insectos que comemos en América Latina. Los escamoles, huevos de un cierto tipo de hormigas, son considerados una delicadeza en México. Los indígenas Maku de Brasil recogen insectos durante la temporada de lluvias, cuando es más difícil cazar o pescar. En Quito, Ecuador, también se pueden encontrar escarabajos en el mercado de octubre a noviembre. En algunos departamentos de Colombia es habitual el consumo de hormigas tostadas.
De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que los insectos forman parte de la dieta tradicional de cerca de 2 mil millones de personas en todo el mundo.
La organización internacional considera que existen varias ventajas en el consumo de insectos: hay unas 1900 especies comestibles conocidas, contienen proteína y grasas “buenas”, su cría emite menos gases de efecto invernadero que la ganadería ypueden ser una fuente de ingresos para los más pobres del mundo.
Spray, la especialista, subraya que la investigación sobre el consumo de insectos está aún en sus inicios, y que falta evidencia para probar su relevancia en seguridad alimentaria, nutrición y el medio ambiente.
Sin embargo, mirando las tendencias —el crecimiento de la población y la demanda de proteína—, “no es inconmensurable imaginar una receptividad más amplia a fuentes de comida alternativas. O por lo menos, esfuerzos de incrementar la producción y el consumo de insectos en culturas que son receptivas a este tipo de alimentación”.
Cambiar la dieta no es fácil, porque se trata de un cambio de comportamiento individual, explica. Y aún hay mucho por hacer para recoger evidencias sobre el valor de los insectos como fuente de comida.
“Simplemente documentar la manera en que se cría a los insectos, cómo se procesan y comen en diferentes culturas de América Latina y el Caribe, y evaluar su impacto en nutrición y seguridad alimentaria ya sería una gran contribución”, explica Spray.
Agrega que a partir de ahí, el siguiente paso sería identificar oportunidades para desarrollar y promover la cadena de valor en la que los insectos sean accesibles a gran escala, como ocurre ahora con otros tipos de alimentos.
En todo caso, no parece difícil prever que en un futuro no tan lejano, en la oscuridad de una sala de cine donde se estrene el éxito hollywoodense más reciente, el crepitar de las palomitas sea sustituido por el delicado crujir de los chapulines.
Y tú, ¿estás dispuesto a incluir insectos en tu dieta diaria?
Isabelle Schaeffer es productora online del Banco Mundial
Fuente: El País

viernes, 8 de mayo de 2015

Cocineros estrella a precio de perrito caliente

Apúntese al ‘street food’. Sin mesa ni mantel puede ponerse las botas de comida rica y asequible servida en camionetas con encanto

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MadrEAT
David Robledo, sumiller del restaurante Santceloni, en la caravana The Fliying Cow, en MadrEAT el pasado febrero. / LUIS RUBIO
Este fin de semana, el centro financiero de Madrid se inundará de llamativas furgonetas vintage, carpas fragantes y un enjambre de inquietos clientes. En el evento, que ha tenido lugar en ocasiones anteriores (normalmente, el tercer fin de semana de cada mes), los visitantes consumen su pedido de pie; y otros, con suerte, pillan una de las pocas sillas y mesas de madera desperdigadas por la zona. Los cantos de piedra de los jardines sirven de asiento para la mayoría, y muchos simplemente despliegan su botín sobre el césped en un simulacro de cámping. De los árboles cuelgan guirnaldas; de fondo, la música tecno compite con el ronroneo de los generadores eléctricos. El aire huele a especias, cerveza y relajado optimismo.
El acontecimiento se llama MadrEAT, y se celebra en la capital desde octubre del año pasado. También en octubre, Eat Street, en Barcelona, se organizó por primera vez al aire libre. En los últimos meses, comer en la calle se ha convertido en tendencia. Hacerlo no es nuevo: los puestos de churros, las castañeras y las casetas de feria existen desde siempre. La diferencia es que el street food es una experiencia gastronómica de primer orden: aquí, en vez de fritanga, uno viene a degustar propuestas culinarias de calidad, artesanales y, en algunos casos, de autor.

Del ‘marketing ‘ a una quesería

“Se trata de dar una comida bien hecha a un precio asequible”, resume el cocinero Ricardo Sanz, que cuenta con una estrella Michelin en cada uno de sus tres restaurantes Kabuki. En la pizarra de su camión puede leerse “atún teriyaki”, “temaki de salmón” y “bandeja de sushi”, y lo más caro cuesta cinco euros. “Hay que echarle imaginación e intentar hacer arte y con gracia”, dice.
Gracia tampoco le falta a la furgoneta de Estanis Carenzo, de Chifa (Madrid), o a la de Chirón, el restaurante de Valdemoro (Madrid) con otra estrella Michelin. Aquí se puede probar su yogur de morcilla, una de las joyas de su menú degustación, y creaciones ex profeso como el pan de pita con lomo de orza o empanadillas de ropavieja conhummus. “En los restaurantes estamos encerrados en unos estereotipos; el pan de pita no podemos hacerlo, y nos gusta hacerlo”, explica su chef, Iván Muñoz. “Hay muchas formas de practicar la alta gastronomía”.
Para participar en MadrEAT hay que pasar un examen. Un consejo asesor, del que forma parte Iván Domínguez, de Alborada (A Coruña), también galardonado por la influyente guía, se reúne periódicamente para probar las propuestas y conocer a sus creadores. “Hay una explicación de la gente que elabora: queremos entender lo que se está haciendo. Queremos ver a las personas”, dice Domínguez. “Buscamos el mejor nivel, sin perder el punto de artesanía, y teniendo en cuenta la variedad”.
Juan Luis Royuela no tiene estrella Michelin; ni siquiera restaurante. En su furgoneta despacha simplemente queso. Artesano, eso sí, y procedente de la cabra del Guadarrama, una raza autóctona de la sierra de Madrid. Allí radica Quesos La Cabezuela (en Fresnedillas de la Oliva, a 12 kilómetros de El Escorial), la quesería que este profesional de la publicidad y el marketing compró en 2010 “por necesidad de trabajar”. Su queso es selecto: brie o cheddar de cabra inspirados en los productos franceses e ingleses. Las elaboraciones, creativas: burroqueso (tortilla mexicana con queso), requesón gelificado con mermelada de fresas o brochetas con membrillo. “Hoy no vale solo transformar la leche en queso, sino que tenemos que transformar el queso en comida. Es lo que nos pide el público. Por eso nos hemos apuntado a esto”, justifica.

El concepto 'street food' nació en Los Ángeles (EE. UU.), de la mano de inmigrantes latinos que se ganaban la vida sirviendo recetas de la abuela en sus camiones
Desde que se hizo cargo de la quesería, Royuela ha recorrido el mundo para absorber ideas. En Nueva York y Londres descubrió las camionetas de comida callejera y se olió que la moda llegaría a España. Simultáneamente, en los mercados tradicionales los clientes empezaban a pedirle que les cortara el queso para consumir allí. “Y empiezas a hilar temas. Dijimos: ‘Vamos a crear la cheese truck, la primera camioneta del queso”.
Royuela localizó la suya en Lieja (Bélgica). “Encontramos a un tío que nos la vendía a la mitad de precio que en España. Aquí nos pedían 20.000 euros, y a nosotros, con transporte, nos salió por 12.000. Me cogí un avión y me fui para allá. Y empezamos el proyecto”. Hoy, la Cheese Truck —su nombre oficial; una coqueta furgoneta barnizada de verde lima— es una realidad. “Representa muy poco en la facturación”, admite su propietario. “Es una apuesta de futuro”.

Aire retro para las furgonetas

Las furgonetas son santo y seña del street food; algunos empresarios prefieren montar una carpa, pero no es lo mismo. Otros, como The Flying Cow, una caravana. Estos vehículos antiguos tienen encanto, están restaurados con esmero y contribuyen a dotar a los eventos de una estética propia, a medio camino entre la verbena de toda la vida y la moda hipster. La reina de estas camionetas es la Citroën HY, que la casa francesa empezó a fabricar en 1947. Lo ocasional de las convocatorias de street food hace difícil amortizar la compra, de ahí que muchos ofrezcan su furgoneta para bodas y fiestas privadas. En algún caso, también reciben ingresos de publicidad: el aire romántico y aventurero, como de road movie, de estos furgones itinerantes, ha atraído a algunas firmas, como la marca de cervezas mexicana Sol que ha elegido a los dueños de la camioneta Eureka, de Barcelona, como protagonistas de una de sus campañas.
Pero la mayoría encuentra más cómodo alquilar una HY (o similar) para participar en un evento. Eso lo detectaron enseguida emprendedores como Pablo Pratmarsó, que se dedica a arrendar furgonetas retro para ferias de street food. Pratmarsó, otro profesional reciclado —es abogado—, constituyó el año pasado la empresaRufina e Hijas con una sola Citroën HY; actualmente dispone de tres furgonetas, la última, una Renault Estaffete, de diseño más setentero. “Nos gustaban la gastronomía y los cacharros antiguos y fuimos a buscarlos a Francia cuando vimos que despuntaba una oportunidad de negocio”, explica.
Alquilar a Rufina (así llaman a su primera furgo) o a sus hijas un fin de semana cuesta entre 850 y 1.250 euros, dependiendo del modelo y el equipamiento. Uno de sus clientes es Chirón: la furgoneta que el restaurante planta en MadrEAT es la estilizada Estaffete. Cada vez que se celebra uno de estos eventos, hacen pleno. “A veces pasa que tenemos las tres funcionando y nos piden más”.

Aquí, en vez de fritanga, uno viene a desgustar propuestas culinarias de calidad, artesanales y, en algunos casos, de reconocidos chefs
Cuando eso ocurre, llegan a acuerdos con otras empresas del sector. De momento, con flota hay tres (alguna, como la de Food Trucks Club, cuenta con hasta 16 HY). Empresas de distribución de maquinaria hostelera, como Kitchen Consult, han comenzado a incorporar camiones. También han florecido autónomos que han comprado un vehículo para alquilarlo, por no hablar de los proveedores de platos, conos y cubiertos biodegradables para la comida callejera, de repente muy solicitados. “Es interesante y hasta digno de estudio cómo ha ido evolucionando este fenómeno”, se sorprende Pratmarsó.
El concepto street food como lo conocemos hoy nació en Los Ángeles (EE. UU.), en 2010, de la mano de inmigrantes latinos que, con una moderada inversión, podían ganarse la vida sirviendo recetas de la abuela en sus camiones. Pronto saltó a Nueva York y otras ciudades americanas y, de ahí, a Europa. La costumbre anglosajona de comer rápido y a pie de oficina, unida al hecho de que muchos cocineros no podían permitirse abrir un restaurante, encontró en la cocina sobre ruedas la fórmula ideal. Para diferenciarse del típico puesto rodante de perritos calientes, la mayoría apostó por ofertas originales: especialidades fusión, bocadillos gourmet, productos orgánicos. Anunciaban por Twitter dónde se iban a apostar. En 2012, ya generaban 580 millones de euros en ingresos; el 1% del total de la restauración norteamericana. Cuota que esperan haber multiplicado por cuatro en 2017.
En España, muchos se enteraron de su existencia gracias al programa Cocina sobre ruedas, que empezó a emitir el canal Energy en 2013, en el que el cómico James Cunningham recorría Norteamérica probando propuestas culinarias de camiones de comida. Hollywood también le ha echado el ojo a esta corriente: la película#Chef, estrenada en España el pasado agosto, cuenta la historia de un cocinero que se va de su restaurante para montar un food truck, con estrellas como Dustin Hoffman, Scarlett Johansson, Robert Downey Jr. y Sofía Vergara.

Todos quieren repetir

Estaba cantado que en España, donde nos gusta comer y nos encanta la calle —¡adoramos las terrazas!—, la idea calaría. Entre 15.000 y 20.000 personas acuden a cada edición de MadrEAT. Una cifra similar alcanza Eat Street en Barcelona. Estas iniciativas han sido bien acogidas por un público cada vez más interesado en la alta cocina; en particular, los foodies. “Lo que se denomina foodie no tiene edad: todos tenemos un amigo de 20, 40 o 50 años que es el típico cocinillas, que siempre tiene el jamón guay y se va a Galicia y vuelve cargado de productos”, comenta Patricia Mateo, organizadora de MadrEAT. “El perfil del foodie es clase media, media-alta, gente a la que no le importa pagar un extra por que el jamón esté más rico”. Mateo es la directora de Mateo & Co., agencia de comunicación que trabaja con un buen número de cocineros con estrella Michelin. “Nos interesa estar a la cabeza de las tendencias y mover el mundo gastronómico en Madrid”, señala.
Detrás de Eat Street también está una empresa de comunicación:BCNMÉS, una publicación cultural que se distribuye por bares, restaurantes y galerías de Barcelona. Su festival tiene un carácter más reivindicativo. “Queremos promover que el espacio urbano es de los ciudadanos”, dice Linda Silva, organizadora del evento. “Trabajamos con muchos bares y restaurantes y todos quieren repetir”.

“El problema es que no hay ley para esto. Los ayuntamientos tienen miedo a que los hosteleros se nieguen” (Linda Silva, organizadora de Eat Street)
Si cocineros y asistentes están contentos, ¿por qué no hay más comida callejera? La respuesta es sencilla: la ley no lo pone fácil. La normativa sobre venta ambulante contempla el comercio de alimentos cocinados (siempre que se cumplan unos requisitos sanitarios); el problema llega a la hora de solicitar permiso para ocupar la vía pública. El decreto que regula el ejercicio de la venta ambulante determina que “corresponderá a los ayuntamientos determinar la zona de emplazamiento para el ejercicio de la venta de ambulante o no sedentaria, fuera de la cual no podrá ejercerse la actividad comercial”. Y, por ahora, los ayuntamientos prefieren circunscribir el street food a recintos de eventos puntuales. “En EE. UU. tienes el camión y da igual dónde lo aparques, siempre estás autorizado para vender”, afirma Mateo. “En España nos dan la licencia por el evento, como organizadores. Tenemos que presentar plano de arquitecto, plano del tema energético con un ingeniero industrial… Y a partir de ahí, eres un evento. La licencia la tiene MadrEAT. Tenemos una licencia para hacer un evento igual que si fuera el Salón del Gourmet en IFEMA o Madrid Fusión”.
“El problema es que no hay ley para esto”, lamenta Silva, que cree que detrás hay un conflicto de competencia. “El principal miedo de los ayuntamientos es que el gremio de hostelería diga: ‘No quiero que pase esto’. Me imagino que muchos restauradores no querrán tener unfood truck al lado de la puerta de su bar”. Sin comedor, ni aseos ni camareros y que puede llevarse a sus clientes.
Probablemente habrá que esperar para ver a estas coloridas camionetas circulando y aparcando a su antojo por las ciudades. Pero aunque sea de forma esporádica, la tendencia sigue creciendo. “Hay que ver si es rentable o no, si los legisladores abren la mano o no”, valora el chef Iván Domínguez. “Es un momento de sembrar”.
El País