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jueves, 7 de enero de 2016

Menú con descuento por mostrar el arma en Texas

Un restaurante ofrece un descuento a los clientes que porten su arma de forma visible


El restaurante de Texas que hace descuentos a los que porten un arma a la vista / EL PAÍS
En el pequeño restaurante-tráiler “Brooks Place”, en Cypress, a las afueras de Houston, Texas, se vive al más puro espíritu texano. Carne asada y costillas de cerdo se venden por kilo, que los clientes degustan al aire libre sentados en largas mesas compartidas. Aquí las armas son bienvenidas e incluso son merecedoras de un descuento del 10%.
“Si vives tu vida como si no existiera Dios, más vale que estés haciendo lo correcto”. Esa es la consigna con la que su dueño, Trent Brooks, recibe al público. Él no tiene un arma a la vista en el restaurante, aunque posee una, pero quienes compran su comida son premiados por portar públicamente sus pistolas.
La promoción comenzó el 1 de enero, que es cuando entró en vigor la nueva ley estatal que permite llevar armas a la vista en lugares públicos. Ese día, la rebaja llegó a ser del 25%, para marcar una jornada tan especial.
“El descuento es una manera de mostrar el aprecio que sentimos por los clientes que llevan sus armas para protegerse a sí mismos, a sus familias y los negocios donde van”, dijo Brooks a EL PAÍS.
El impacto ha sido grande, aunque no siempre positivo. “Durante estos primeros días hemos tenido un buen número de clientes. La respuesta al descuento ha sido mixta, algunas personas nos felicitan, pero otras -que notoriamente no son de aquí- nos han dicho cosas controvertidas”, admitió. E incluso amenazas, que por ahora el dueño dice no tomarse demasiado en serio, según reveló en la página de Facebook de su restaurante.
En Brooks Place, las lágrimas que el presidente Barack Obamaderramó esta semana al anunciar medidas para restringir el acceso a armas no conmovieron a nadie. Al contrario, Brooks es un hombre de extremos y en lo que respecta a la Segunda Enmienda de la Constitución, que garantiza el derecho a portar armas, no admite términos medios. “El gobierno no tiene por qué interferir”, zanjó.
Pero en el resto del Estado, las opiniones son más matizadas. Una encuesta realizada en 2013 por la Universidad de Texas y la organización Texas Tribune reveló que el 44% de los participantes cree que las leyes de control de armas deberían ser más estrictas, un 36% las dejarían en su forma actual y un 16% las disminuirían.
En el caso específico de leyes para portar armas a la vista en lugares públicos, otra encuesta realizada por el mismo equipo en febrero del año pasado mostró que solo el 32% apoyaba esta tendencia.
A pesar de eso, a partir del 1 de enero Texas estrenó la nueva ley. Ahora, cualquiera con un permiso puede portar armas de manera visible. Eso se traduce en que las 826.000 personas con autorización pueden circular tranquilas con sus pistolas bien a la vista en la cintura.
Los negocios pueden negar el ingreso de personas armadas siempre que especifiquen la prohibición. Brooks Place es una excepción frente a la tendencia generalizada de empresas y restaurantes locales, que han colocado los carteles necesarios para no aceptar a personas con armas visibles.
Así lo han hecho cadenas grandes como Whole Foods, Fiesta, Costco y Target, junto a restaurantes y negocios pequeños como Amy's Ice Creams, Brooklyn Athletic Club, Dolce Vita, Gringo's/Jimmy Changa's y Lupe Tortillas, entre otros.
Supermercados como Kroger, Aldi o Walmart han optado por guardar silencio y no colocar carteles.
La prohibición no preocupa a los impulsores de la ley. “Algo similar ocurrió en 1995, cuando se aprobó la ley para portar armas ocultas. Los negocios reaccionaron de manera exagerada debido al miedo y la mala información. Poco después comenzaron a desaparecer los letreros. Creo que aquí pasará lo mismo”, explicó C.J. Grisham, presidente de Open Carry Texas, la organización más influyente en Texas que promueve el derecho a portar armas.
Entre las 10 ciudades más grandes en Estados Unidos, solo Filadelfia y Phoenix permitían portar armas de forma visible. Ahora Houston, San Antonio y Dallas se unen a la lista. En Dallas, el cambio ha sido el centro de una intensa campaña para educar al público, que se inició el 16 de diciembre. “Un trabajo en progreso” como la describieron sus creadores.
Fuente: El País

lunes, 28 de diciembre de 2015

9 restaurantes a los que entrar es prácticamente imposible

Comida cuya fama trasciende fronteras es lo que promueven estos establecimientos; sin embargo, en algunos obtener un lugar puede tomarte hasta un año de espera.

Por: Daisy Carrington | 
Lunes, 28 de diciembre de 2015


(CNN) — Es mejor que tu restaurante favorito nunca llegue a ser loado como uno de "los mejores del mundo". En el segundo en que eso suceda, lo más probable es que nunca más logres encontrar una mesa.
De hecho entrar a algunos restaurantes es más difícil que a una de las universidades de más prestigio. Aquí te presentamos algunas de las mesas más difíciles de conseguir y el secreto para lograr un asiento.
Franklin Barbecue
Desde que la revista Bon Appetit apodó a este lugar altamente frecuentado de Austin, Texas, como el mejor lugar de parrilladas del país, las filas se han extendido más allá de la puerta.
Aunque el sitio que solo ofrece almuerzos abre a las 11:00 horas, la copropietaria Stacy Franklin admite que los fines de semana, los clientes llegan incluso a las 6:00 horas, sin embargo, no importa a qué hora llegues es probable que tengas que esperar al menos cuatro horas.
"La gente lleva sillas y hieleras, lanzan balones de fútbol en el estacionamiento. Incluso hemos visto que la gente lleva mesas de juego para mantenerse ocupados", dice.
Si no quieres hacer fila de madrugada para almorzar, Franklin recomienda ir durante sus días más "tranquilos": martes, miércoles y jueves. Incluso entonces, dice, es mejor estar preparado.
"Yo sugeriría pasar por el lugar un día a las 9:00 horas solo para ver qué esperar. A la mayoría de las personas no les importa, siempre y cuando sepan qué esperar".
Franklin Barbecue, 900 E. 11, Austin, TX 78702
Sushi Dai
Casi todas las guías turísticas sobre Tokio han ensalzado el desayuno de sushi de las 5:00 horas en este restaurante. 
Sushi Dai, ubicado dentro del mercado de pescado Tsukiji, el minúsculo restaurante con capacidad para 12 personas ofrece algunos platillos que sin duda son frescos, lo cual es parte de su increíble y enorme atractivo.
Una pequeña advertencia a los clientes que llegan a las 5:00 horas: prepárense para esperar por lo menos cuatro horas para conseguir una mesa.
¿Quieres reducir un par de horas del tiempo de espera? Llega a las 3:00 horas y lleva un libro o un teléfono con carga completa.
Sushidai, 5-2-1 Tsukiji, mercado de pescado Tsukiji, 6th. Bldg., Chuo 104-0045, prefectura de Tokio.
Rose's Luxury
Incluso antes de que la revista Bon Appetit nombrara a Rose's Luxury como el mejor restaurante en Estados Unidos, las filas se formaban a lo largo de la cuadra para lograr la oportunidad de comer en este sitio que no hace reservaciones.
El punto de atracción de Washington, D.C. atrae a los clientes con su estelar menú granjero y su servicio (y los regalos son parte del modelo de negocio).
El lugar abre a las 17:00 horas pero no es inusual que los clientes comiencen a hacer fila a las 15:00 horas.
"En nuestros sábados más ocupados, a veces ofrecemos un horario estimado para entrar de entre las 21:00 o 22:00 horas para quienes llegan desde las 17:30 horas.", señala la subgerente general, Kristen Carson.
Para los clientes que desean comer en el bar, el movimiento podría ser un poco más rápido. Para quienes no están dispuestos a esperar en la fila cuatro horas, tal vez les vaya un poco mejor si llegan a la mitad de la semana, sobre todo de martes a jueves.
"A menudo tenemos mesas disponibles en el transcurso de la tarde para los clientes de último momento y por lo general podemos acomodar a los clientes que llegan a las 20:30 horas", dice.
Rose's Luxury, 717 8th St SE, Washington D.C., DC 20003
cnnexpansion
Damon Baehrel
El cocinero autodidacta, Damon Baehrel, dirige su restaurante epónimo en el sótano de su casa, donde él considera a sus comensales como invitados en lugar de clientes.
Él es la definición pura de una empresa dirigida por una sola persona.
"Él no solo es el chef nominado al premio James Beard, sino también la persona que sirve, el productor, el experto en plantas nativas, el recolector, el quesero, el fabricante de carne curada con agujas de pino, el especialista en vinos, el carpintero... etcétera, etcétera", señala el representante de reservaciones de Baehrel.
Las comidas de Baehrel incluyen 15 platillos y podría requerir cinco horas de espera.
Por lo general son descritos como salidos de este mundo.
¡Ah!, si quieres una reserva, no tienes mucha suerte. Baehrel dejó de aceptarlas en abril del 2014.
Incluso sin nuevas reservas, el lugar está completamente lleno hasta el 2025.
Dicho esto, la perseverancia extrema es —muy de vez en cuando— recompensada.
Los clientes más leales de la lista de espera —los que han esperado más tiempo y que llegan de forma ocasional— a veces tienen la suficiente suerte de obtener uno de los asientos únicos cuando el horario de Baehrel lo permite.
Damon Baehrel, 776 Route 45, Earlton, NY 12058
Noma
Noma, el restaurante que con frecuencia encabeza la lista de los Mejores Restaurantes del Mundo de San Pellegrino —de forma previsible— también está inundado con solicitudes de reserva.
Arve Krognes, el coordinador administrativo y de relaciones públicas de Noma, calcula que el lugar recibe miles de solicitudes de reserva cada mes.
"En un sábado normal, podríamos tener un par de miles de personas registradas en nuestra lista de espera", admite.
Existe una oportunidad muy reducida de hacer una reserva (el primer lunes de cada mes, tres meses antes de lo previsto), y las mesas para dos o cuatro personas normalmente están reservadas a las pocas horas.
"Por lo general es más fácil conseguir una reserva si se trata de un grupo de seis o más", reconoce Krognes.
En el 2016 será casi imposible hacer reservas, a menos que los clientes estén dispuestos a reservar un largo vuelo; Noma de Copenhague cerrará desde enero hasta abril del 2016, mientras que el chef René Redzepi traslada la empresa a Sydney, Australia, para ofrecer un restaurante ambulatorio de 10 semanas.
Las reservas para Noma Australia estarán disponibles a partir del 30 de octubre (aunque suponemos que las mesas se agotarán rápidamente).
Noma, Copenhague 1401 K 93 Strandgade, Copenhague DK-1401, Dinamarca
cnnexpansion
Chef's Table en Brooklyn Fare
Manhattan cuenta con un puñado de restaurantes de tres estrellas Michelin para elegir.
Brooklyn solo tiene uno, y es probable que sea el sitio de la ciudad en el que es más difícil conseguir un asiento.
Por otra parte, solo tienen 18 lugares y el menú de degustación de 15 platillos quiere decir que no hay demasiado movimiento en una determinada noche.
Las reservaciones de mesas están abiertas todos los lunes a las 10:30 a.m. con seis semanas de anticipación, y se van rápido, así que es mejor ser el primero en la línea y ser rápido para presionar el botón de remarcado en caso de que la línea esté ocupada.
Chef's Table, Brooklyn Fare, 200 Schermerhorn St., Brooklyn, NY
El Celler de Can Roca
En cuanto El Celler de Can Roca fue nombrado el restaurante número uno del mundo por San Pellegrino, las reservas se fueron por las nubes.
Desde entonces, las reservas solo se pueden hacer en línea —a la medianoche (hora de España), el primer día de cada mes— con 11 meses de anticipación.
Los lugares disponibles se agotan en pocos minutos, así que los rápidos ​​mecanógrafos con banda ancha súper rápida son recompensados.
Para aquellos que no lo conocen, el restaurante catalán es la creación de talentos culinarios, los hermanos Roca: Joan, Jordi y Josep.
Sus menús de degustación de múltiples platillos también son un evento multisensorial, con platillos que también pueden funcionar como arte moderno.
El Celler de Can Roca, C/Can Sunyer, 46, 17007, Girona España
cnnexpansion
Talula's Table
Este restaurante de Pensilvania, que ofrece comida de la granja a la mesa (un poco exagerado, dado que solo hay dos mesas y un asiento por noche) podría ser uno de los restaurantes más exclusivos de Estados Unidos.
No solo se trata de un vigorizante menú que siempre cambia (diseñado para ofrecer los mejores productos locales de la temporada) sino también del tamaño del lugar.
Talula's Table es, de hecho, un mercado de comida gourmet que sirve un menú de cena de ocho platillos, ofreciendo los mejores productos locales de temporada.
La mesa del chef tiene capacidad para ocho, y solo es por invitación, lo que significa que los clientes solo pueden reservar a través de la mesa de la granja, con capacidad para 10 a 12.
Para reservar, tienes que apartar toda la mesa con exactamente un año de anticipación. Por lo general es para las 07:00 horas cuando abre el restaurante.
El sitio dice que los martes, miércoles y jueves son menos competitivos, por lo que aquellos que estén dispuestos a comer durante un día laboral tendrán mejor suerte.
Las cancelaciones también se publican en el sitio web y la página de Facebook, por lo que vale la pena estar pendiente para una reserva de último momento.
Talula's Table, 102 West State Street, Kennett Square, PA 19348
Tickets
No debería ser ninguna sorpresa que conseguir una mesa en Tickets —el restaurante aliado de Ferran Adria al altamente agasajado El Bulli, el cual dirige con su hermano, Albert— es esencialmente una misión imposible.
Las reservas en línea están disponibles a la medianoche (hora española) para apartar lugar con dos meses de anticipación.
Muy de vez en cuando hay cancelaciones y nunca está de más llamar al restaurante durante el día.
Los que no tienen la suficiente suerte para conseguir una mesa (y eso es casi todo el mundo) todavía pueden degustar un poco de magia Ferrer en una de sus otras cuatro sedes de Barcelona: Bodega 1900, Pakta, Hoja Santa y Nino Viejo.
Tickets, Avinguda Parallel 164, 08015, Barcelona España
Fuente: CNN Expansión

viernes, 10 de julio de 2015

Las letras de los restaurantes de Nueva York

¿Por qué los establecimientos lucen una A, una B o una C en la puerta de entrada? Te lo explicamos

Restaurante Carnegie Deli, en Nueva York
Entrada al restaurante Carnegie Deli, en Nueva York. / HARRY PLUVIOSE
La ciudad de Nueva York es práctica, intuitiva. Aunque seas nulo con el sentido de la orientación es difícil que te pierdas. Basta con buscar los cruces de las calles o, simplemente, orientarte con alguno de sus rascacielos de referencia y llegarás a tu destino final.
Su sistema de transporte público está abierto las 24 horas. Su metro va hacia arriba (Uptown) o hacia abajo (Downtown). Para en todas las estaciones (Local) o va más rápido por si tienes prisa (Express). Y si te agobias con las multitudes solo te hace falta salir a la calle y coger uno de los cientos de taxis de todos los colores, coches de Uber o sucedáneos.
Hay indicaciones en todos los idiomas. Policías en cada esquina y gente que se acerca a preguntarte si necesitas ayuda cuando te ve con un mapa desplegado. Podrás encontrarte incluso a paisanos de tu tierra que están también de turismo, a quien puedes preguntar por si te da corte hablar en inglés.
En los puntos de interés o grandes atractivos de la ciudad se forman colas y se respetan para poder acceder a ellos. Hay wifi gratuito en muchos puntos de la ciudad y, cuando no es así, basta con entrar en el Starbucks de turno.
Hay guías y publicaciones diarias, semanales o mensuales acerca de lo que está sucediendo en la ciudad. Cuenta con un departamento de turismo de calidad, que ofrece diversas webs en varios idiomas para consultar toda la información que necesites (www.nycgo.com y www.iloveny.com), e incluso puedes descargártela en tu smartphone gracias a su aplicación oficial para móviles.
Si hablamos de tiendas y comercios, tendrás de todos los tipos, tamaños y colores, en todos los barrios y a todas horas. Incluyendo algunos que abren 24 horas al día como el Apple Store o alguna de las tiendas deTimes Square. Tampoco lo ponen difícil los bancos. Abren incluso fines de semana. Algo que incluye a los brokers de pisos. Se ajustarán al horario que tu prefieras: primera hora de la mañana, última del domingo, llueva o nieve.
Pero del mismo modo, hay tanto que hacer, tanto que ver y, por lo general, tan poco tiempo para todo ello que la vida del visitante acaba complicándose en la Gran Manzana pese a todas estas facilidades. Por ejemplo, con las letras de los bares y restaurantes de Nueva York.
Uno de los quebraderos de cabeza tanto para turistas como para residentes es la elección de restaurantes, ya que, como sucede en España, prácticamente hay uno en cada esquina. Para ponérselo fácil al consumidor, el Estado de Nueva York publicó en junio de 2010 un cógido de puntuación similar al que se aplica en el sistema educativo estadounidense, en el que se califica, de mejor a peor, con las letras A, B o C. En el caso de los bares y restaurantes, las notas son otorgadas por el departamento de Salud y deben figurar, de manera bien visible, en la entrada o en el escaparate del local.
El famoso restaurante Carnegie Delicatessen, en Manhattan (Nueva York), distinguido con una calificación A. / KEVIN HAGEN
Las famosas letras que dan la bienvenida a los locales neoyorquinos no se conceden aleatoriamente, sino que responden a estricto proceso de control y regulación. Los técnicos estatales de salud realizan inspecciones por sorpresa en restaurantes, bares, discotecas o cafeterías, que obtienen una u otra puntuación en función del número de irregularidades encontradas: cuanto más baja es dicha calificación, mejor grado se obtiene. De hecho, cada punto representa la violación de algún reglamento.
Así, los restaurantes con una puntuación entre 0 y 13 obtienen una letra A; los que oscilan entre 14 y 27 puntos se quedan con la letra B y los establecimientos que superan los 28 puntos tienen que conformarse con la letra C.
¿En qué suelen reparar los inspectores de Sanidad que revisan diariamente los miles de locales de los diferentes barrios de la ciudad? Pues desde las condiciones de manipulación de la comida, hasta la temperatura de conservación de la misma, la higiene del personal del establecimiento, el mantenimiento de utensilios de cocina o el control de plagas, desde insectos hasta ratones y ratas. Sí, ratas… Hay más. Esta rigurosa auditoría de la limpieza del local y el cumplimiento de la normativa también abarca, por ejemplo, a la utilización de elementos químicos a la hora de cocinar.
La puntuación otorgada por los inspectores, en definitiva, estima el riesgo que podría causar un establecimiento en la salud de sus comensales en función de cuánto y cómo se salta las normas del reglamento estatal. Y no es broma: se pueden encontrar restaurantes muy monos por fuera pero en los que una letra C en la puerta delata que ha cometido irregularidades en el interior de su cocina. Desde incumplimientos tan comunes como no tener los utensilios que emplean sus cocineros bien limpios (sancionado de dos a cinco puntos), hasta riesgos mayores, como no conservar determinados ingredientes –mariscos, carnes o pescados– a la temperatura adecuada (castigado con al menos siete puntos) o servir alimentos frescos, como la verdura, sin haber sido lavados bien previamente (sancionado con un mínimo de 5 puntos). Cuando alguno de estos despropósitos no pueden resolverse antes de que acabe la inspección, el local es obligado a cerrar hasta que lo solucione.
Exterior de la pizzería Amore's, en el Downtown de Nueva York. / ELLIOT FINE
Una letra B en la puerta significa que algo no permitió que dicho local obtuviese una A, información que, gracias a este sistema, no solo es conocida por el dueño del restaurante, sino también por los comensales que acuden a él, quienes, probablemente, se vayan en busca de un restaurante de clase A. Cuando el cartel es de “Calificación en espera", significa que el lugar está siendo evaluado o que el propietario ha impugnado la decisión del inspector tras su visita.
Publicaciones de prestigio, como The New York Times, han creado sus propios mapas interactivos que permiten buscar restaurante en la ciudad filtrando por el tipo de cocina, el barrio donde se ubica y los delitoscometidos contra la salud pública.
Por su parte, el Gobierno de Nueva York, además de contar con su propio servicio de búsqueda avanzado para localizar restaurantes por su nombre, tipo de comida, código postal o calificación obtenida, tiene a disposición de los usuarios desde material explicativo en Power Point hasta aplicaciones móviles para actualizar la calificación de los restaurantes y bares de la ciudad.
Cinco años después de la aplicación de esta, los datos oficiales aseguran que el 95% de los establecimientos en Nueva York cuentan con una calificación A, superando el 80% anterior a junio de 2011; los casos de salmonella se han reducido un 24% de 2010 a 2014 y se ha incrementado la formación del personal que trabaja en el sector de la hostelería: más de 31.000 personas realizaron en 2014 el curso de higiene alimentaria que ofrece el propio departamento de salud, con el objetivo de evitar nuevas sanciones y mejorar la nota que otorgan estos estrictos hombres de negro.
Fuente: El Pais

viernes, 8 de mayo de 2015

Cocineros estrella a precio de perrito caliente

Apúntese al ‘street food’. Sin mesa ni mantel puede ponerse las botas de comida rica y asequible servida en camionetas con encanto

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MadrEAT
David Robledo, sumiller del restaurante Santceloni, en la caravana The Fliying Cow, en MadrEAT el pasado febrero. / LUIS RUBIO
Este fin de semana, el centro financiero de Madrid se inundará de llamativas furgonetas vintage, carpas fragantes y un enjambre de inquietos clientes. En el evento, que ha tenido lugar en ocasiones anteriores (normalmente, el tercer fin de semana de cada mes), los visitantes consumen su pedido de pie; y otros, con suerte, pillan una de las pocas sillas y mesas de madera desperdigadas por la zona. Los cantos de piedra de los jardines sirven de asiento para la mayoría, y muchos simplemente despliegan su botín sobre el césped en un simulacro de cámping. De los árboles cuelgan guirnaldas; de fondo, la música tecno compite con el ronroneo de los generadores eléctricos. El aire huele a especias, cerveza y relajado optimismo.
El acontecimiento se llama MadrEAT, y se celebra en la capital desde octubre del año pasado. También en octubre, Eat Street, en Barcelona, se organizó por primera vez al aire libre. En los últimos meses, comer en la calle se ha convertido en tendencia. Hacerlo no es nuevo: los puestos de churros, las castañeras y las casetas de feria existen desde siempre. La diferencia es que el street food es una experiencia gastronómica de primer orden: aquí, en vez de fritanga, uno viene a degustar propuestas culinarias de calidad, artesanales y, en algunos casos, de autor.

Del ‘marketing ‘ a una quesería

“Se trata de dar una comida bien hecha a un precio asequible”, resume el cocinero Ricardo Sanz, que cuenta con una estrella Michelin en cada uno de sus tres restaurantes Kabuki. En la pizarra de su camión puede leerse “atún teriyaki”, “temaki de salmón” y “bandeja de sushi”, y lo más caro cuesta cinco euros. “Hay que echarle imaginación e intentar hacer arte y con gracia”, dice.
Gracia tampoco le falta a la furgoneta de Estanis Carenzo, de Chifa (Madrid), o a la de Chirón, el restaurante de Valdemoro (Madrid) con otra estrella Michelin. Aquí se puede probar su yogur de morcilla, una de las joyas de su menú degustación, y creaciones ex profeso como el pan de pita con lomo de orza o empanadillas de ropavieja conhummus. “En los restaurantes estamos encerrados en unos estereotipos; el pan de pita no podemos hacerlo, y nos gusta hacerlo”, explica su chef, Iván Muñoz. “Hay muchas formas de practicar la alta gastronomía”.
Para participar en MadrEAT hay que pasar un examen. Un consejo asesor, del que forma parte Iván Domínguez, de Alborada (A Coruña), también galardonado por la influyente guía, se reúne periódicamente para probar las propuestas y conocer a sus creadores. “Hay una explicación de la gente que elabora: queremos entender lo que se está haciendo. Queremos ver a las personas”, dice Domínguez. “Buscamos el mejor nivel, sin perder el punto de artesanía, y teniendo en cuenta la variedad”.
Juan Luis Royuela no tiene estrella Michelin; ni siquiera restaurante. En su furgoneta despacha simplemente queso. Artesano, eso sí, y procedente de la cabra del Guadarrama, una raza autóctona de la sierra de Madrid. Allí radica Quesos La Cabezuela (en Fresnedillas de la Oliva, a 12 kilómetros de El Escorial), la quesería que este profesional de la publicidad y el marketing compró en 2010 “por necesidad de trabajar”. Su queso es selecto: brie o cheddar de cabra inspirados en los productos franceses e ingleses. Las elaboraciones, creativas: burroqueso (tortilla mexicana con queso), requesón gelificado con mermelada de fresas o brochetas con membrillo. “Hoy no vale solo transformar la leche en queso, sino que tenemos que transformar el queso en comida. Es lo que nos pide el público. Por eso nos hemos apuntado a esto”, justifica.

El concepto 'street food' nació en Los Ángeles (EE. UU.), de la mano de inmigrantes latinos que se ganaban la vida sirviendo recetas de la abuela en sus camiones
Desde que se hizo cargo de la quesería, Royuela ha recorrido el mundo para absorber ideas. En Nueva York y Londres descubrió las camionetas de comida callejera y se olió que la moda llegaría a España. Simultáneamente, en los mercados tradicionales los clientes empezaban a pedirle que les cortara el queso para consumir allí. “Y empiezas a hilar temas. Dijimos: ‘Vamos a crear la cheese truck, la primera camioneta del queso”.
Royuela localizó la suya en Lieja (Bélgica). “Encontramos a un tío que nos la vendía a la mitad de precio que en España. Aquí nos pedían 20.000 euros, y a nosotros, con transporte, nos salió por 12.000. Me cogí un avión y me fui para allá. Y empezamos el proyecto”. Hoy, la Cheese Truck —su nombre oficial; una coqueta furgoneta barnizada de verde lima— es una realidad. “Representa muy poco en la facturación”, admite su propietario. “Es una apuesta de futuro”.

Aire retro para las furgonetas

Las furgonetas son santo y seña del street food; algunos empresarios prefieren montar una carpa, pero no es lo mismo. Otros, como The Flying Cow, una caravana. Estos vehículos antiguos tienen encanto, están restaurados con esmero y contribuyen a dotar a los eventos de una estética propia, a medio camino entre la verbena de toda la vida y la moda hipster. La reina de estas camionetas es la Citroën HY, que la casa francesa empezó a fabricar en 1947. Lo ocasional de las convocatorias de street food hace difícil amortizar la compra, de ahí que muchos ofrezcan su furgoneta para bodas y fiestas privadas. En algún caso, también reciben ingresos de publicidad: el aire romántico y aventurero, como de road movie, de estos furgones itinerantes, ha atraído a algunas firmas, como la marca de cervezas mexicana Sol que ha elegido a los dueños de la camioneta Eureka, de Barcelona, como protagonistas de una de sus campañas.
Pero la mayoría encuentra más cómodo alquilar una HY (o similar) para participar en un evento. Eso lo detectaron enseguida emprendedores como Pablo Pratmarsó, que se dedica a arrendar furgonetas retro para ferias de street food. Pratmarsó, otro profesional reciclado —es abogado—, constituyó el año pasado la empresaRufina e Hijas con una sola Citroën HY; actualmente dispone de tres furgonetas, la última, una Renault Estaffete, de diseño más setentero. “Nos gustaban la gastronomía y los cacharros antiguos y fuimos a buscarlos a Francia cuando vimos que despuntaba una oportunidad de negocio”, explica.
Alquilar a Rufina (así llaman a su primera furgo) o a sus hijas un fin de semana cuesta entre 850 y 1.250 euros, dependiendo del modelo y el equipamiento. Uno de sus clientes es Chirón: la furgoneta que el restaurante planta en MadrEAT es la estilizada Estaffete. Cada vez que se celebra uno de estos eventos, hacen pleno. “A veces pasa que tenemos las tres funcionando y nos piden más”.

Aquí, en vez de fritanga, uno viene a desgustar propuestas culinarias de calidad, artesanales y, en algunos casos, de reconocidos chefs
Cuando eso ocurre, llegan a acuerdos con otras empresas del sector. De momento, con flota hay tres (alguna, como la de Food Trucks Club, cuenta con hasta 16 HY). Empresas de distribución de maquinaria hostelera, como Kitchen Consult, han comenzado a incorporar camiones. También han florecido autónomos que han comprado un vehículo para alquilarlo, por no hablar de los proveedores de platos, conos y cubiertos biodegradables para la comida callejera, de repente muy solicitados. “Es interesante y hasta digno de estudio cómo ha ido evolucionando este fenómeno”, se sorprende Pratmarsó.
El concepto street food como lo conocemos hoy nació en Los Ángeles (EE. UU.), en 2010, de la mano de inmigrantes latinos que, con una moderada inversión, podían ganarse la vida sirviendo recetas de la abuela en sus camiones. Pronto saltó a Nueva York y otras ciudades americanas y, de ahí, a Europa. La costumbre anglosajona de comer rápido y a pie de oficina, unida al hecho de que muchos cocineros no podían permitirse abrir un restaurante, encontró en la cocina sobre ruedas la fórmula ideal. Para diferenciarse del típico puesto rodante de perritos calientes, la mayoría apostó por ofertas originales: especialidades fusión, bocadillos gourmet, productos orgánicos. Anunciaban por Twitter dónde se iban a apostar. En 2012, ya generaban 580 millones de euros en ingresos; el 1% del total de la restauración norteamericana. Cuota que esperan haber multiplicado por cuatro en 2017.
En España, muchos se enteraron de su existencia gracias al programa Cocina sobre ruedas, que empezó a emitir el canal Energy en 2013, en el que el cómico James Cunningham recorría Norteamérica probando propuestas culinarias de camiones de comida. Hollywood también le ha echado el ojo a esta corriente: la película#Chef, estrenada en España el pasado agosto, cuenta la historia de un cocinero que se va de su restaurante para montar un food truck, con estrellas como Dustin Hoffman, Scarlett Johansson, Robert Downey Jr. y Sofía Vergara.

Todos quieren repetir

Estaba cantado que en España, donde nos gusta comer y nos encanta la calle —¡adoramos las terrazas!—, la idea calaría. Entre 15.000 y 20.000 personas acuden a cada edición de MadrEAT. Una cifra similar alcanza Eat Street en Barcelona. Estas iniciativas han sido bien acogidas por un público cada vez más interesado en la alta cocina; en particular, los foodies. “Lo que se denomina foodie no tiene edad: todos tenemos un amigo de 20, 40 o 50 años que es el típico cocinillas, que siempre tiene el jamón guay y se va a Galicia y vuelve cargado de productos”, comenta Patricia Mateo, organizadora de MadrEAT. “El perfil del foodie es clase media, media-alta, gente a la que no le importa pagar un extra por que el jamón esté más rico”. Mateo es la directora de Mateo & Co., agencia de comunicación que trabaja con un buen número de cocineros con estrella Michelin. “Nos interesa estar a la cabeza de las tendencias y mover el mundo gastronómico en Madrid”, señala.
Detrás de Eat Street también está una empresa de comunicación:BCNMÉS, una publicación cultural que se distribuye por bares, restaurantes y galerías de Barcelona. Su festival tiene un carácter más reivindicativo. “Queremos promover que el espacio urbano es de los ciudadanos”, dice Linda Silva, organizadora del evento. “Trabajamos con muchos bares y restaurantes y todos quieren repetir”.

“El problema es que no hay ley para esto. Los ayuntamientos tienen miedo a que los hosteleros se nieguen” (Linda Silva, organizadora de Eat Street)
Si cocineros y asistentes están contentos, ¿por qué no hay más comida callejera? La respuesta es sencilla: la ley no lo pone fácil. La normativa sobre venta ambulante contempla el comercio de alimentos cocinados (siempre que se cumplan unos requisitos sanitarios); el problema llega a la hora de solicitar permiso para ocupar la vía pública. El decreto que regula el ejercicio de la venta ambulante determina que “corresponderá a los ayuntamientos determinar la zona de emplazamiento para el ejercicio de la venta de ambulante o no sedentaria, fuera de la cual no podrá ejercerse la actividad comercial”. Y, por ahora, los ayuntamientos prefieren circunscribir el street food a recintos de eventos puntuales. “En EE. UU. tienes el camión y da igual dónde lo aparques, siempre estás autorizado para vender”, afirma Mateo. “En España nos dan la licencia por el evento, como organizadores. Tenemos que presentar plano de arquitecto, plano del tema energético con un ingeniero industrial… Y a partir de ahí, eres un evento. La licencia la tiene MadrEAT. Tenemos una licencia para hacer un evento igual que si fuera el Salón del Gourmet en IFEMA o Madrid Fusión”.
“El problema es que no hay ley para esto”, lamenta Silva, que cree que detrás hay un conflicto de competencia. “El principal miedo de los ayuntamientos es que el gremio de hostelería diga: ‘No quiero que pase esto’. Me imagino que muchos restauradores no querrán tener unfood truck al lado de la puerta de su bar”. Sin comedor, ni aseos ni camareros y que puede llevarse a sus clientes.
Probablemente habrá que esperar para ver a estas coloridas camionetas circulando y aparcando a su antojo por las ciudades. Pero aunque sea de forma esporádica, la tendencia sigue creciendo. “Hay que ver si es rentable o no, si los legisladores abren la mano o no”, valora el chef Iván Domínguez. “Es un momento de sembrar”.
El País

viernes, 30 de enero de 2015

Roberto Acuso: Misterioso ‘chef peruano’ está entre los 100 mejores del mundo

Roberto Acuso y su restaurante están en lista elaborada por reconocidos chef. (Le Chef)
Roberto Acuso y su restaurante están en lista elaborada por reconocidos chef. (Le Chef)
512 cocineros con dos y tres estrellas Michelin escogieron a los 100 chef del mundo que encarnan los mejores valores de la profesión y proponen una cocina única en su género, que debes probar al menos una vez en la vida.
En la lista están los peruanos Virgilio Martínez y Roberto Acuso. El primero es conocido por Central, pero no hubo forma de contactar al segundo, dueño del restaurante Acuso, que –a propósito– nadie ha visitado.
La lista fue creada por un pedido de la revista francesa Le Chef, que también organiza el premio Chef de l’Année (chef del año).
La publicación señala que se trata de la primera “fotografía realista de los mejores restaurantes del mundo” y una “respuesta constructiva” al ránking que organiza la publicación británica Restaurant, Los 50 Mejores Restaurantes del Mundo, en función de la opinión de cocineros, periodistas especializados y otros expertos en gastronomía.
Perú21 consultó con varios cocineros peruanos, pero nadie conoce a Roberto Acuso. Nos contactamos con Le Chef a través de diferentes plataformas para que nos diera más detalles del misterioso cocinero, pero no nos respondieron.
Lo primero que vino a nuestra mente fue que se trató de un error de tipeo: que en vez de Roberto Acuso quisieron mencionar al reconocido chef Gastón Acurio, ahora columnista de nuestro suplemento Cheka.
Pero el ‘escurridizo’ Roberto Acuso ya es famoso, pues varios medios han recogido la noticia, entre ellos la agencia EFE, el diario argentino Clarín, Terra, el francés Le Parisien.
LA LISTA EN DETALLE
La lista refiere que Francia es uno de los países “imprescindibles”para un gastrónomo con un total de 31 restaurantes. En el top 10 están los de veteranos cocineros como Paul Bocuse, Alain Ducasse y Michel Bras.
Le sigue Japón con 13 restaurantes —el primero nombrado es el Nihon Riyori Ryugin de Seiji Yamamoto— y Estados Unidos e Italia, con 10 cada uno y nombres como el Per Se de Thomas Keller y Osteria Francescana de Massimo Bottura.
Luego está España con El Celler de Can Roca, Martín Berasategui, Mugaritz, Sant Pau, Casa Marcial y Arzak. Además del misterioso Acuso, hay dos latinoamericanos en la selección: El peruano Virgilio Martínez (Central) y el brasileño Alex Atala (D.O.M.)
Fuente: Perú 21